jueves, 9 de octubre de 2014

Réquiem por Niza

Este es un texto que escribí hace más de 1 año, si mal no recuerdo. Hoy caminé por la avenida Arequipa y vi que Niza, ahora sí, había muerto realmente (antes solo fue un cambio temporal). Espero que les guste.




Réquiem por Niza


Niza ha muerto. No es más la discoteca de lunas oscuras y pobres luces de colores. Niza, la primera discoteca conocida entre todas las clases y distritos de Lima por el perreo desenfrenado que tocaba, donde se reunían personas de todas las edades para darle un gusto al placer, ha muerto y con ella muere una leyenda, una generación, una era en Lima. El antro que todos conocimos, pero pocos retratamos, ya no existe más.


No era necesario haber entrado en ella para conocerla. Todos en la ciudad sabíamos qué significaba esa discoteca ubicada en cruce de Arequipa con Manuel Segura. Todos habíamos deseado entrar en ella. Descubrir sus misterios, confirmar teorías, destejer sus entrañas y averiguar si todo lo que contaban sobre ella era del todo cierto. Quienes lo hicimos, comprobamos que era una mezcla de todos y todo. Las carencias, los vicios, la extravagancia, el derroche, la sensualidad, y la sexualidad también. La morbosidad, el miedo, las drogas, el frenesí y los estigmas revoloteaban en el ambiente. Nuestra sociedad estaba ahí.

Niza era una discoteca y a la vez una maqueta, un ensayo de sociedad. Un intento de Lima. Niza era un porrito y un trago barato, ropas holgadas y abundante brillantina, un político mentiroso y una ciudad que se perdía entre un boom que no entendía. Niza era una manifestación, una protesta a viva voz que no repercutía, una llamado de auxilio dentro del éxtasis. Niza trascendió a sus comensales, a su generación. Era un santo y seña que la ciudad entera entendía y no sabía si ocultarla por vergüenza o mostrarla con orgullo.

Puede que no haya cambiado la infraestructura, que los concurrentes sean los mismos, que el edificio siga inalterable en el cruce de Arequipa con Manuel Segura, pero Niza era más que un edificio; era una leyenda, un nombre que por sí solo evocaba conceptos, frases, canciones; un adjetivo, más que un sustantivo; un verbo conjugable en todas las personas y tiempos; un adverbio. Niza era un pequeño reflejo de eso que una vez fue Lima: un perreo intenso, un sandungueo, una mezcla de ritmos y personas que no pensaban en el mañana y se dejaban llevar por el deseo. Niza era un jolgorio.

Hoy las letras azules han cambiado, ya no hay más jueves universitarios, ni domingos de matiné. Los vidrios ovalados de la famosa esquina de la cuadra 15 de la Arequipa nos dan la bienvenida a “Aqura”, nombre que ha adoptado el local. No sé si es mejor o peor, si Aqura y su estilo fírvolo, indiferente, distante, nos auguren un mejor horizonte (lo dudo). Solo sé que ese templo del placer y los bajos instintos, por fin, ha muerto. Y junto a él muere uno de los emblemas de los primeros años del siglo en Lima.


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