miércoles, 5 de marzo de 2014

Historia de una guerra

Domingo 4 de enero


Lucho contra estas ganas locas de mandarte a la mierda, de despreciarte y humillarte. Contra mi racionalidad, que hoy me repite lo que siempre supo y nunca quise notar.

Lucho contra el pequeño cariño que resta, le pido que salte al vacío, tal como lo hiciste con nuestro amor.

Lucho contra ti. Contra los deseos de felicidad y la buena voluntad, que a pesar de todo batallan por quedarse, que me piden deseártelos.
No lo hago, no lo mereces.


Gano la batalla.


Miércoles 7 de enero


El combate continúa. Bombardeo los recuerdos con tus besos en otras camas, en otros cuerpos, pero las memorias son buenas estrategas y no se dan por vencidas tan  fácilmente. Gracias a dios me dejaste suficientes municiones.

Tus manos calientes derriten toda posibilidad, todo deseo de felicidad, todo sacrificio realizado.

De pronto un arsenal de palabras me revuelca, me tienden una trampa y me veo rodeado por tu imagen, por nuestras noches, por Lucio. Te recuerdo más que nunca y, aunque no quiera, sucumbo ante los sentimientos. Me quiebro.


Ganas…


Sábado 18 de enero


Pero alguien me rescata y me alienta a seguir luchando. Construye un ghetto de caricias y abrazos para mí. Elabora una armadura con besos, fortalece la barricada y cuida mis espaldas.

Noto que caigo no ante ti, sino ante la posibilidad de lo que pudo ser, ante las nuevas sensaciones. Es nostalgia por la compañía, no por ti.

Salgo a la lucha. Herido, mutilado, desangrándome, decido continuar. No voy a dejar de hacerlo a estas alturas.

Disparo el último misil los cartuchos los quemé todos intentando recuperarte, ya no más. En el proyectil vas tú; que eres el objetivo, la munición y el motivo en esta guerra.


Horas más tarde…


Desvío el misil y doy media vuelta.

Sin aniquilarte, he vencido. No me importas más.
  

Tranquilidad.


1 comentario: