viernes, 21 de marzo de 2014

Olor a ti

Me despierto con olor a ti. Huelo mis manos, mis hombros, todo yo estoy impregnado de ese olor. No es una loción, es tu perfume natural. Olfateo mis carnes una y otra vez y siento tu presencia: desde el sonido de tu silencio hasta las dimensiones de tu cuerpo.

Contra mi deseo, ingreso a la ducha. No quisiera que ese olor se vaya. Quiero oler a ti.

Termino de asearme y vuelvo a olerme. No sé cómo, ni por qué, pero sigo aún siento tu olor en mí. Has dejado una marca invisible, pero permanente, que solo yo noto. Sonrío levemente y entonces pienso que tal vez ya no es mi piel, sino mis fosas, que se quedaron con tu perfume, o tal vez fueron mis labios, que aún huelen a tus entrañas, o tal vez simplemente soy yo quien quiere recordarte y por eso invento toda una escena para escribir sobre ti y justificar este insomnio que no me deja dormir. 

domingo, 16 de marzo de 2014

Reporte de miedos

UNO

Tengo miedo de engancharme, de engancharme contigo, precisamente.

Me cago de miedo.

Sé que no es el momento, que no es lo mejor, ni lo más adecuado. Sé que probablemente yo no sea la persona indicada, ni mucho menos me aproxime a eso. Pero es inevitable no hacerlo si me miras con tus ojitos resplandecientes y tu barbilla siempre bien afeitada.


DOS

Tengo miedo de escribir sinceramente.

Es un miedo latente. Cada que escribo a veces reprimo ideas para evitar que estas hablen por mí. No quiero más contarlo todo, no quiero más ser vulnerable, escribir para otorgar las armas que me pueden destruir. No. No quiero. Y sin embargo, aquí me ven, escribiendo sobre mis miedos...


TRES

Tengo miedo de no escribir bien.

Y esto se relaciona con lo anterior. Si escribo de modo sincero, puede que produzca algo decente, pero autodestructivo. Si escribo con represiones, escribiré pésimo. Entonces todo es un mar de confusiones y frustraciones. Y para apaciguarlo, escribo. Y ya no importa si es sincero, si es irreal o es una infidencia. Solo boto todo y lo vuelco en el papel. Luego pienso que escribí algo decente, lo dejo en los pendientes y cuando, días después, vuelvo a él, lo encuentro pobre, mal escrito, poco digno de ser publicado. Entonces lo edito. Suprimo ideas, cambio la sintaxis, le doy algo de forma. A los pocos días, intento añadir algo. Persisto en escribir, a pesar de saber que no resultará bueno. Continúo afiebradamente. Ahora cambio las ideas, las formas de reacción. Luego pienso que escribí algo decente, lo dejo en los pendientes y cuando, días después, vuelvo a él, lo encuentro pobre, mal escrito...

Y así la espiral.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Historia de una guerra

Domingo 4 de enero


Lucho contra estas ganas locas de mandarte a la mierda, de despreciarte y humillarte. Contra mi racionalidad, que hoy me repite lo que siempre supo y nunca quise notar.

Lucho contra el pequeño cariño que resta, le pido que salte al vacío, tal como lo hiciste con nuestro amor.

Lucho contra ti. Contra los deseos de felicidad y la buena voluntad, que a pesar de todo batallan por quedarse, que me piden deseártelos.
No lo hago, no lo mereces.


Gano la batalla.


Miércoles 7 de enero


El combate continúa. Bombardeo los recuerdos con tus besos en otras camas, en otros cuerpos, pero las memorias son buenas estrategas y no se dan por vencidas tan  fácilmente. Gracias a dios me dejaste suficientes municiones.

Tus manos calientes derriten toda posibilidad, todo deseo de felicidad, todo sacrificio realizado.

De pronto un arsenal de palabras me revuelca, me tienden una trampa y me veo rodeado por tu imagen, por nuestras noches, por Lucio. Te recuerdo más que nunca y, aunque no quiera, sucumbo ante los sentimientos. Me quiebro.


Ganas…


Sábado 18 de enero


Pero alguien me rescata y me alienta a seguir luchando. Construye un ghetto de caricias y abrazos para mí. Elabora una armadura con besos, fortalece la barricada y cuida mis espaldas.

Noto que caigo no ante ti, sino ante la posibilidad de lo que pudo ser, ante las nuevas sensaciones. Es nostalgia por la compañía, no por ti.

Salgo a la lucha. Herido, mutilado, desangrándome, decido continuar. No voy a dejar de hacerlo a estas alturas.

Disparo el último misil los cartuchos los quemé todos intentando recuperarte, ya no más. En el proyectil vas tú; que eres el objetivo, la munición y el motivo en esta guerra.


Horas más tarde…


Desvío el misil y doy media vuelta.

Sin aniquilarte, he vencido. No me importas más.
  

Tranquilidad.