miércoles, 11 de diciembre de 2013

Columnas de opinión

La semana se cuenta según las columnas de opinión que leo. Es casi un vicio, una necesidad. La semana no empieza si no leo a Bayly en Perú 21 ni a Marco Aurelio en El Comercio. No importa si ese día escribirán sobre temas aburridos, como fútbol o sus vidas personales, no importa si la columna de esta semana no es tan buena como la anterior –todos tenemos días flacos para escribir–, yo igual debo leerlos. También está Gonzalo Torres en La República, pero no es tan fundamental. No, Jaime y Marco Aurelio inician mi semana. Sin ellos no hay adjetivos nuevos, formas gramaticales bien constituidas, ni oraciones certeras. Sin leerlos la semana no inicia bien y todo, a partir de ese momento, se destruye. Ah, Javier, cuánta falta hacen tus columnas para empezar también la semana con algo de política.


El día siguiente es algo flojo, a veces repetitivo, pero nunca dispensable. Siempre debo seguir leyendo a quien esté. Ese es día de mujeres. Rocio Silva Santiesteban y Sara Cortes son los atractivos. A veces Rocío es algo reiterativa con temas antiguos y aunque sea predecible lo que dirá, leerla es obligatorio. Me gustaría que escriba más sobre poesía o literatura, pero los derechos humanos son también una pasión y llevan siempre una gran carga emocional que a uno lo dejan pensativo todo el día. Sin las columnas de Rocío los martes no serían tan reflexivos. Y está también Sara, quien tiene una forma sencilla y directa de hacer nacer emociones. La sensibilidad y sensatez con la que escribe es una forma nueva de valorar lo cotidiano.

La mitad de la semana la dictan Marco Sifuentes y Antonio Zapata en La República, nuevamente. Poco sé de la vida de este último, salvo por su reseña en la web del diario, pero sus columnas sobre la historia combinadas con actualidad siempre son refrescantes, leerlo es descubrir un nuevo enfoque, es leer algo desconocido y aprender cosas nuevas. Los miércoles siempre se conoce más. Lo mismo sucede con Marco, aunque con ciertas flaquezas. Por si hay más tiempo también está la hija del expresidente, quien por lo general escribe mal, pero a pesar de saberlo, y sin saber por qué, siempre termino leyéndola. Es como un vicio: debo saber qué dicen los columnistas. Sospecho que el gran aporte de los diarios no es redactar las noticias, pues estas son siempre copy/paste de alguna nota de prensa y, salvo específicas investigaciones, casi todos los diarios publican lo mismo con su propio enfoque. No. El gran aporte de los diarios es dar un espacio, unos cuántos centímetros a quienes puedan escribir semanalmente algo bueno, a quienes puedan engancharnos y mantenernos al vilo de su siguiente entrega. Un diario sin opiniones no es un diario, es un panfleto, una vitrina de noticias o hasta un noticiero redactado, pero jamás un diario.

El día siguiente sí es todo un deleite para los ojos. Patricia del Río en El Comercio es siempre certera. Nunca se sabe sobre qué va a escribir, pero sí que lo hará bien. No solo por la forma, sino también por el fondo. La sensibilidad y la fortaleza de sus ideas hacen que los jueves sean siempre un día renovado, empiecen con una buena sonrisa o con una fuerte preocupación. También está el chico nostálgico en el mismo diario. No tan deslumbrante, pero igual de indispensable. Y cada quince días, el abogado en La República. 

El último día no solo es magistral, sino muy enriquecedor. La semana laboral termina leyendo a quien fue mi profesor de Derecho Constitucional con sus opiniones políticas siempre bien elaboradas, mucho más pensadas que las del común denominador. También está Juan Manuel Robles, quien siempre tendrá algo por escribir y no solo lo hará con una clara idea, sino además de un modo exquisito. Claudia Cisneros y Gabriela Wiener­­­ –aunque con poco espacio esta última, debo decir–, también constituyen parte de este buen cierre de semana. Ello sin contar los diarios infaltables: el periodista de derecha, el izquierdista, el periodista 'comodín', el director del diario guapetón y los artículos de la revista on line trivial y divertida.

Y llega el fin de semana con los que uno siempre espera: don Mario, Alfredo, la directora derechista del diario, el escritor que radica en España, el otro escritor con sus las críticas literarias, el pedófilo, y la lista interminable sigue... 

No sé cómo iniciaría un día sin leer columnas de opinión. Puede parecer burdo, pero más que una noticia, una columna siempre nos da un enfoque nuevo, una nueva perspectiva. Una columna de opinión tiene el poder de girar el día y además, para quienes disfrutamos leyendo, siempre será un deleite presenciar cómo puede alguien condensar una idea en un número determinado de palabras y hacerlo siempre bien, al punto de esperar la próxima entrega, al punto de cambiar los nombres de los días por el de las personas que ese día publican. 

Un día con columnas de opinión flojas es un día perdido, desperdiciado. Uno piensa que el autor perdió una oportunidad de transmitirle alguna emoción o de inyectarle en el cerebro una nueva idea. Uno siente que la historia pudo ser mejor contada, que el relato pudo dar más, que la anécdota pudo ser más relevante, pero a pesar de eso siempre está ahí, esperando la siguiente semana y la siguiente semana, sin saber por qué. Y las semanas se pasan así, entre nombres y personas que uno va conociendo a través de lo que cuentan y opinan en un diario, entre relatos y precisiones que nos envuelven, nos aventuran y nos dan algo nuevo por pensar.



5 comentarios:

  1. ¿y Mariátegui?, ¡Dönde me dejas a Alditus!
    leerlo es sonreir, leerlo es decir pucha este huevón esta loco, Mariategui con todos sus fantasmas y todas su manias contra la izquierda (el término caviar lo popularizado, sino inventado el mismo, ya ni sé) no sé me electriza, me pone en FA, me hace el día.

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    1. Jaja qué cruel. A mí Aldo no me parece tan loco. Tiene algunas ideas que me parecen interesantes, aunque insulta demasiado, eso sí. Y claro que está, él es el periodista de derecha en el grupito de "los diarios".

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    2. ay no, alditus no. Me da acidez.

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  2. Leer columnas era algo muy afianzado en mí, pero hace ya un tiempo que lo dejé —así que no sé cuan afianzado en realidad estaba—. Espero volver a leer estas fiestas.

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  3. A mi modesto entender creo que el Beto Ortiz escribe mejor que Bayly (al margen de su vida farandulera). Si bien no lo sigo a rigurosidad como lo haces tú, pero cuando me acuerdo lo leo. Más le voy a los libros.

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