domingo, 3 de noviembre de 2013

De por qué vuelvo a escribir


Porque he vuelto a mi origen: la soledad. He vuelto a ser el hombre triste y melancólico que se entrega a lo que escribe, porque no tiene a quién más hacerlo. Soy la eterna espera.

Porque desde que la tormenta empezó, vivo a tajo abierto; sin piel, con la carne, las vísceras y los sentimientos a la intemperie.  

Porque ante la soledad, la incertidumbre y la tristeza, uno solo puede escribir para intentar curar, siquiera lentamente (aunque suene imposible).

Porque lo único rescatable que he escrito ha sido durante épocas de profunda tristeza.

Porque soy pésimo escribiendo cuando estoy alegre. Cuando lo hago, resulto ser un impostor, un huachafito, un ‘niño malo’. No es natural escribir sobre la felicidad. No se escribe cuando se es feliz, no se escribe cuando se es feliz, no se escribe cuando se es feliz. Es contraproducente: puede que notes que eres feliz y, como se sabe, la felicidad es una tímida pendeja, que se escabulle en las cosas simples y cotidianas para que nadie note su presencia; que cuando se ve descubierta, se aleja rápidamente y deja un extraño vacío, imperceptible a la vista, pero desgarrador para el alma.

Porque antes que llorar prefiero escribir. Desgarrarme en mi teclado. Dejar que mis yemas expectoren todo mi dolor. Matar escribiendo. Es lo que queda, lo que puedo.

Porque necesito destilar las emociones, contarlas con un poco de maquillaje, necesito dejar ir la tristeza y solo puedo escribir, contarlo todo, meterme en el espiral que ya conozco. Enviciarme.

Porque escribir es matar; matar las posibilidades de una vida real, de una vida que no llega, que tarda demasiado en llegar.

Porque nunca imaginé que los sacrificios, si bien necesarios, sean tan intensos, tan dolorosos.

Porque, a pesar de todo y sin saber cómo, continúo –pervivo–.

1 comentario:

  1. Y por la razón más importante, imperante, e innegable: porque puedes.

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