martes, 26 de marzo de 2013

Senderos

Un riachuelo bien definido con un sendero trazado discurre temerosamente por el camino que ha decidido recorrer. Aún no sabe si hizo lo correcto, pero no hay modo de retornar. Su discurrir va en descenso y, a pesar del temor, la bajada le importa velocidad. Ya la decisión está tomada y por más que quiera no hay retornos. Debe continuar con ella. Siempre hacia adelante.
Por momentos quiere retornar, parar un momento y preguntarse si esa es la decisión adecuada. No se percata que mientras lo hace, se aleja cada vez más de ese punto al que anhela regresar. Por andar pensando tanto en ese inicio que hace tanto ya dejó, se desconcentró del camino y por poco termina siendo absorbido por las raíces de un roble engañadizo. Felizmente pudo retornar rápidamente al camino elegido. Le hubiera gustado poder dividirse y tomar caminos distintos en paralelo, pero es imposible. Un ríachuelo debe marcarse un solo camino firme si desea llegar a ser un caudaloso río. De seguro el recorrido estará lleno de otras bifurcaciones que lo harán tomar más decisiones, probablemente algunas más difíciles. De seguro habrán otros tantos robles, pinos, palmeras y demás seres que querrán engañarlo. No podrán. De seguro la geografía será difícil, pero estará listo cuando eso llegue. Por el momento, ha iniciado con el pie derecho el recorrido, tomando una primera decisión: de entre muchos caminos ha elegido solo uno y ha dejado atrás otros, aunque ha intentado imitarlos en su recorrido, con la convicción de que siempre estarán bajo la sombra del primer elegido.

No hay retornos, riachuelo, hay futuro y un desierto ancho por inundar.

¿Podrás?


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