domingo, 29 de diciembre de 2013

Amiga, date cuenta


Hacía 7 meses no pisaba un antro, ni siquiera por curiosidad. Hacía 7 meses no bebía ni una sola gota de alcohol. Siete meses sobrio, demasiado tiempo tratándose de mí. Siete meses encerrado entre la revista, internet y la universidad. Tal vez era eso lo que me afectaba y me tenía tan deprimido. Tal vez una noche fuera era lo que tanto necesitaba.

La música de siempre retumbaba en mis oídos. El alcohol de las cervezas empezaba a hacer efecto. Los gritos de las chicas se tornaron insoportables. Estaba arrepintiéndome de haber aceptado ir a una discoteca. Tal vez estos lugares no son para mí, pensé. Tal vez este no es mi tipo de diversión. Vamos, no todos debemos divertirnos del mismo modo. Este ambiente frívolo y coqueto no va mucho conmigo. Bah, tal vez tan solo necesite algo de compañía o un par de trago más.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Columnas de opinión

La semana se cuenta según las columnas de opinión que leo. Es casi un vicio, una necesidad. La semana no empieza si no leo a Bayly en Perú 21 ni a Marco Aurelio en El Comercio. No importa si ese día escribirán sobre temas aburridos, como fútbol o sus vidas personales, no importa si la columna de esta semana no es tan buena como la anterior –todos tenemos días flacos para escribir–, yo igual debo leerlos. También está Gonzalo Torres en La República, pero no es tan fundamental. No, Jaime y Marco Aurelio inician mi semana. Sin ellos no hay adjetivos nuevos, formas gramaticales bien constituidas, ni oraciones certeras. Sin leerlos la semana no inicia bien y todo, a partir de ese momento, se destruye. Ah, Javier, cuánta falta hacen tus columnas para empezar también la semana con algo de política.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Renacer

Ten cuidado, pues aún sigo deshecho.
Lo que ves son las esquirlas de lo que fui;
las trizas de mi versión feliz.

Ten cuidado, por favor.
Pueden cortarte y aún pueden quebrarse un poco más.
Tardará algo de tiempo reconstruirme,
pero si lo logras, prometo regresar fundido en acero:
resistente, infalible e inquebrantable.

Ten cuidado,
y disculpa la insistencia,
pero las costras aún no son carne.
Así que si no deseas, si no te interesa, puede irte
y dejar los trocitos en el suelo.
No los sobrepongas si no los vas a unir.

Lima, 28 de noviembre de 2013.


domingo, 3 de noviembre de 2013

De por qué vuelvo a escribir


Porque he vuelto a mi origen: la soledad. He vuelto a ser el hombre triste y melancólico que se entrega a lo que escribe, porque no tiene a quién más hacerlo. Soy la eterna espera.

Porque desde que la tormenta empezó, vivo a tajo abierto; sin piel, con la carne, las vísceras y los sentimientos a la intemperie.  

Porque ante la soledad, la incertidumbre y la tristeza, uno solo puede escribir para intentar curar, siquiera lentamente (aunque suene imposible).

Porque lo único rescatable que he escrito ha sido durante épocas de profunda tristeza.

domingo, 27 de octubre de 2013

Pienso en ti

Pienso en ti. Te recuerdo a mi lado.

Recuerdo esas noches juntos, en las que dejábamos a las caricias reemplazarnos. Recuerdo las palabras susurradas. Mis oídos se impacientan por escuchar nuevamente tu voz.

Recuerdo tus manos pequeñas sobre mí, mis manos inquietas sobre ti, tus risas inexplicables como hace un año ya. Recuerdo tus ojos negros y enormes clavados en los míos. El sabor de tu lengua aún perdura…

Empiezo a tocarme.

viernes, 25 de octubre de 2013

Herido

Camino dando tumbos, con el dolor al rojo vivo. Entre ramas y caminos que dificultan mi pesar.

Estoy herido. Alguien ha extirpado una parte de mí.

Me han mutilado. Nadie lo nota, pero mi amor está discapacitado, y la herida aún sigue abierta.

Me desangro a través de ella, y a pesar de todo debo caminar, sin ayuda, sin bastones o muletas que amilanen el dolor.

Alguien cárgueme, por favor. Devuélvanme a mi amor. O siquiera una prótesis barata.

Quiero seguir caminando…


Lima, 10 de octubre de 2013.


lunes, 7 de octubre de 2013

20 palabras

Naturaleza.- Esencia y propiedad característica de cada ser.

Conocer.- Averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.

Conversación.- Concurrencia o compañía.

Profundar.- Ir a lo profundo, ahondar.

Diario.- Relación histórica de lo que ha ido sucediendo por días, o día por día.

Escarapelar.- Dicho de una persona: Ponérsele carne de gallina.

Ilusión.- Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

Sonreír.- Dicho de un asunto, de un suceso, de una esperanza: Mostrarse favorable o halagüeño para alguien.

Alegría.- Palabras, gestos o actos con que se expresa el júbilo

Nerviosismo.- Estado pasajero de excitación nerviosa.

Amor.- Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Necesidad.- Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.

Proteger.- Resguardar a una persona, animal o cosa de un perjuicio o peligro, poniéndole algo encima, rodeándole.

Sacrificio.- Acto de abnegación inspirado por la vehemencia del amor.

Reo.- Persona que por haber cometido una culpa merece castigo.

Incapacidad.- Falta de capacidad para hacer, recibir o aprender algo.

Falta.- Ausencia de una persona del sitio en que debía estar.

Desgarrar.- Dicho de una persona: Apartarse, separarse, huir de la compañía de otra u otras.

Flébil.- Digno de ser llorado.


Pervivir.- Seguir viviendo a pesar del tiempo o de las dificultades.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Pervivir

En el camino de los perros mi alma encontró
a mi corazón. Destrozado, pero vivo,
sucio, mal vestido y lleno de amor.
Roberto Bolaño - Sucio, mal vestido.


Desolado. Estar sin ti es un eterno desconcierto. El dolor me carcome. El vacío perpetuo invade mi cuerpo.

El desgarro nocturno en mis ojos me recuerda tu ausencia, la distancia, mi necesidad.

Las memorias se burlan de mí, me hunden cada día un poco más; mientras, por debajo alguien profundiza en mi abismo. El descenso no tiene cuando acabar. Cada día es más tortuoso que el anterior y las horas sin ti se acumulan, suman su peso.

La cotidianidad es repetitiva, incoherente, incomprensible si no estás tú, y a la vez incierta: nunca sé cuándo empezaré a escalar.

No sé cuánto más resistiré. Camino sin pensar, sin sentir. Inercia: ayer crucé un puente y no sentí miedo.

Pervivo.

Sin embargo, y a pesar de todo, queda una alegría entrañable: tu rostro, una luz lejana, una estrella que ilumina. El tiempo aquí no transcurre, se descuenta; 820 y bajando...

lunes, 10 de junio de 2013

Confesión



Creo en la muerte como el único mecanismo de solución de conflictos. Las desgracias se van solo con quien las ocasiona. Entonces aniquilar se torna necesario e indispensable para subsistir, para continuar. Bien dice el dicho: “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Lo confieso, Señor, después de realizar un examen de consciencia: quisiera matar.

Quisiera acabar con todas las rabias, con todos los perros. Quisiera apuñalar. Pero no puedo, no me atrevo. Soy un pusilánime. Debo confesar que si no he matado no ha sido por falta de ganas, no, todo lo contrario. Si no he matado ha sido por miedo a la pena, por temor a la cárcel y, sobre todo, a tu eterna condena, Señor. No puedo infligir daño a mi prójimo, me duele verlos sufrir, pero al mismo tiempo es lo único que quiero. Te lo digo con dolor de corazón.

Quisiera ser todopoderoso, como tú, Señor, y decidir quién vive y quién no. Dame eso, por favor, un día con ese poder. Un solo día con tu omnipotencia, Señor, y te prometo que no haré sufrir a nadie. Todos morirán rápidamente. Es una lástima que no pueda. No soy digno de igualarme a ti, Señor. Discúlpame, soy un mal creyente, un hipócrita. Soy mundano, asqueroso, estoy manchado por el pecado, soy un sacrílego, Señor. Castígame.

Pero es que es inevitable, míralos. Están por doquier, infectando la ciudad, los odio a todos. Son mis hermanos, lo sé, pero el diablo se está apoderando de mí, Señor, ayúdame, no permitas que caiga en sus garras. Tengo propósito de enmienda, Señor, solo con tu misericordia yo podré ser salvado de este odio que me invade y me hace querer asesinar a mi prójimo, sí, Señor, claro que sí.

Pero antes, déjame realizar una última confesión de boca: son detestables, Señor, quisiera extinguirlos a todos, uno por uno, yo mismo. Con mis manos si es preferible. Porque como dice Marco Aurelio, para sentir plenamente, emocionalmente, el placer de matar, hay que hacerlo sin armas. Señor, por favor, líbrame de ellos. Creen que están siquiera a mi nivel, no, eso jamás. Ellos no creen en ti, Señor, y se burlan de ti, de tu misericordia. Ellos, que te deben la vida, no saben agradecerte como yo y mis hermanos en la fe. Son asquerosos, son pecadores, son herejes. Pero yo soy solo tu siervo, Señor, y si tú, Todopoderoso, decides mantenerlos en esta, tu viña, yo seguiré fielmente tus sabias decisiones, porque solo tú sabes qué es lo mejor para mí y para todos tus hijos. Por eso también te ruego, firmemente, Señor, que seas tú quien tome la decisión. El poder de la oración todo lo puede. Tú, Dios todopoderoso y eterno, envíales un mal, enférmalos. Ya que yo no puedo matarlos, ni debo hacerlo, te pido que, por favor, permitas que las enfermedades caigan sobre ellos, desdíchalos con tu poder eterno, permite que la muerte los lleve y se arrepientan de sus pecados allá en el infierno. No te pido un accidente, porque no va de acuerdo a la naturaleza, en cambio una enfermedad es lo que tú puedes mandarles. Te lo pido, Señor.

¡Qué terrible! Soy un pecador. Escucha todo lo que digo, Señor. Estoy manchado por el odio y el rencor. Discúlpame porque no soy digno de tu misericordia. Mira todo lo que he dicho y deseado. He cometido sacrilegio y ni siquiera tu divino perdón podrá librarme de las garras del mal en las que he caído.

Pero como toda confesión, esta requiere satisfacción de obra. Así que haz algo mejor para todos y cumple con el último paso, realiza esas peticiones conmigo, Señor. Mátame a mí, enférmame a mí. No he aprendido nada en todos estos años leyendo tu palabra. Enférmame, Señor, porque soy yo quien debe morir, soy yo la rabia y el perro, el conflicto y la solución, el asesino y la víctima.


domingo, 28 de abril de 2013

Cerrar los ojos

Imaginar un mundo nuevo, mejor.
Soñar.

Cerrar los ojos para disfrutar las emociones.
Cerrarlos para maximizarlas.

Al respirar, delicioso.
Besando, excitante.
Para soñar, necesario.

Cerrarlos porque la realidad nunca será suficiente.

No se puede disfrutar con tanta imagen.
Prefiero cegarme,
ver esferas de colores.
Sentir intensamente, mirar hacia adentro.

Predecir qué sucede allá afuera.

Para comer, educado.
En el orgasmo, perfecto.
Al respirar, intenso.

Y después de todo... abrirlos
observarte un par de segundos,
perderme en tu sonrisa
y descubrir que hay razones más fuertes para mirar.

domingo, 14 de abril de 2013

Momento

Todos tienen derecho a enamorarse, menos tú.

Tú no. Tú no. Tú no. 

Todos pueden ser felices, menos tú.

Tú no. Tú no. 

Todos tienen libertad, las rejas son solo mitos, menos para ti.

Tú no. 

Es hora de hacerte valer.

Porque sí puedes.

Porque es tu deber defenderte, sino quién.

Solo te has cuidado, es hora de enfrentarte.

Ha llegado el momento, no lo desperdicies.

La felicidad es cuestión de perspectiva, que no te cieguen.

martes, 26 de marzo de 2013

Senderos

Un riachuelo bien definido con un sendero trazado discurre temerosamente por el camino que ha decidido recorrer. Aún no sabe si hizo lo correcto, pero no hay modo de retornar. Su discurrir va en descenso y, a pesar del temor, la bajada le importa velocidad. Ya la decisión está tomada y por más que quiera no hay retornos. Debe continuar con ella. Siempre hacia adelante.
Por momentos quiere retornar, parar un momento y preguntarse si esa es la decisión adecuada. No se percata que mientras lo hace, se aleja cada vez más de ese punto al que anhela regresar. Por andar pensando tanto en ese inicio que hace tanto ya dejó, se desconcentró del camino y por poco termina siendo absorbido por las raíces de un roble engañadizo. Felizmente pudo retornar rápidamente al camino elegido. Le hubiera gustado poder dividirse y tomar caminos distintos en paralelo, pero es imposible. Un ríachuelo debe marcarse un solo camino firme si desea llegar a ser un caudaloso río. De seguro el recorrido estará lleno de otras bifurcaciones que lo harán tomar más decisiones, probablemente algunas más difíciles. De seguro habrán otros tantos robles, pinos, palmeras y demás seres que querrán engañarlo. No podrán. De seguro la geografía será difícil, pero estará listo cuando eso llegue. Por el momento, ha iniciado con el pie derecho el recorrido, tomando una primera decisión: de entre muchos caminos ha elegido solo uno y ha dejado atrás otros, aunque ha intentado imitarlos en su recorrido, con la convicción de que siempre estarán bajo la sombra del primer elegido.

No hay retornos, riachuelo, hay futuro y un desierto ancho por inundar.

¿Podrás?


lunes, 11 de marzo de 2013

Inicios


Ese sí que parecía un amor verdadero, de los que no existen. Dicen que si es demasiado bueno para ser realidad, es porque no lo es. Ella, 5 años menor, había arriesgado todo por su amante. Realmente luchó por su relación. Él, a pesar de su edad, no buscaba estabilidad sentimental. Pero este vacilón le había durado mucho, había fingido demasiado bien y su novia parecía no aburrirse. Realmente la había enamorado ¿qué haría? ¿cómo decirle? Había tenido esa duda desde aquel cinco de mayo en que cumplieron dos meses, siempre sin resolver. Hoy, tres años y diez meses después no había podido. Nunca es fácil romper un corazón por vez primera. Su mentira había llegado muy lejos, al igual que su cansancio, su aburrimiento y hasta la ligera repulsión que empezaba a sentir por la mujer que decía amar.

No era igual para Karina. Ella realmente se había entregado. Sus metas, sus ambiciones, lo que diariamente hacía giraba en torno a él: su tiempo libre y el ocupado, sus días de trabajo y los feriados, los objetivos, los sueños. Cada que lo miraba, su cuerpo se estremecía. Dos días sin verlo bastaban para que sus piernas flaquearan al  caminar. Una discusión era la destrucción y una noche peleados significaba su desbaste. Había caído rendida ante él, totalmente dominada. Sus entrañas se habían adaptado a las formas de su amante. Toda ella para él. Toda ella era de él. 

Nunca lo hubiera imaginado: su novio perfecto, el único, el hombre correcto y de buenos modales ¿engañándola? A pesar de las reiteradas oportunidades en las que se lo advirtieron y en las que prefirió creerle y tildar de mentirosos y difamadores a cuanto amigo insinuara que Alfonso se acostaba con medio Lima y balnearios. 

Se alejaron un fin de semana por decisión de él. Decía que se sentía cansado, agobiado, no podía más con la actual situación. Lo cierto es que solo buscaba darle a su vida un respiro de la mujer a la que, sin querer, había enamorado. El peor fin de semana en la vida de Karina, el mejor en 5 años para Alfonso. Estaba hecho. 

No hay mentira perfecta. Todas, finalmente, se caen. Ya sea por voluntad propia, porque no es fácil sostenerlas, o por contraste con la realidad. Debo confesar -titubeó- que no he sido sincero. Prefiero dejar todo aquí.  Así, sin mayor detalle, la dejó. No hubo más por decir.

No hubo algo más difícil. Nunca tan miserable como ese día.

Karina Lamasperra no volvió a enamorarse. Por decepción, por resignación, pero sobre todo por convicción: no podía volver a enamorarse, no después de probar el sabor de la derrota. La lona no amortigua la caída. 

Después de eso, Karina nos usó a todos quienes llegamos tras Alfonso, tal como él la usó a ella. No todos se sintieron mal. Lo cierto es que con ese cuerpo, cualquiera hubiera matado por ser su juguete desechable; un juguete que debía limitarse a la temporalidad, porque si Alfonso daba una seña o siquiera aparecía, ella retornaría a él. Y es que ese era el riesgo de estar con ella, todos lo debíamos saber. El riesgo de salir con Lamasperra era ser cambiado en cualquier momento por su primer amor, tener la certeza de que ella nunca te querría, saberse un juguete y conformarse con ello. El riesgo de ser cambiado por el eterno principal.

Un juguete, siempre un juguete. Tal como ella lo fue.

Karina nunca fue más que un corazón herido y desesperado por consuelo, pero por uno solo. Nadie más que Alfonso iba a poder curarla y nadie mas que Alfonso la curó. La última vez que nos vimos estaba con él, estoy seguro. Nunca supe quién era, pero por su sonrisa pude reconocerlo. Nunca había visto a Karina sonreír con naturalidad, sin miedo. Por eso no nos hablamos. Una sonrisa bastó. 

Hasta siempre Karina.



jueves, 31 de enero de 2013

Amor sujeto a condición

Y no me va a importar hacerte daño, pendeja, si te metes conmigo. Si interfieres en mis planes, aun cuando estos te involucren, voy a disfrutar verte sufrir. Diariamente Miguel repetía su ya aprendido discurso frente al espejo, mientras pensaba en Andrea, la niña que anhelaba. Era una rutina diaria: mirarse al espejo, idear una estrategia para atraerla, sin importar el daño, sin importar los sentimientos. Si había que pisotear o sobrepasar a alguien, estaría dispuesto a hacerlo y se regocijaría tras ello.

El dolor humano es un combustible para las almas vengativas y extraviadas. Miguel lo tenía claro, lo vivía en carne propia. Pero él era un pusilánime. Aún no había causado daño, ni lo haría. Solo podía imaginarlo y sonreír en soledad.

Andrea, la chica que le quitaba la vida y le daba sueños, era su meta y su ruina, necesaria y a la vez dañina. Atractiva, inteligente, enamorante. Obsesivamente enamorante. Él lo sabía, lidiaba con ello día a día. La quería, estaba seguro de eso. La quería en su cama, entre sus sábanas, en sus brazos. La quería ante él, rendida, destruida, suplicante. La quería consolándolo, acurrucándolo, secándole las lágrimas que solo ella estaría autorizada a ver. Pero si lo contaba, ay de ella si lo contaba. Primera condición: Nadie podía ver llorar a Miguel Ferreyros. Sus lágrimas debían ser un mito, un cuento chino. Comentar eso podía costarle la vida. A puñaladas, es más placentero, repetía frente al espejo mientras sonreía.

Pero el momento de la imaginación se esfumaba unos segundos para dar paso a las certezas que la experiencia le mostraba: Andrea salía con alguien más. Eso era el único dato cierto y comprobable que tenía. Entonces dejaba de ser atractiva, inteligente y todo lo demás y pasaba a ser una gran zorra, una pendeja, una cualquiera y encima de pésimos gustos. Destruiría esa relación, encima con ese imbécil, bueno para nada, mocoso idiota que jamás podría darle lo que él. Lo tenía planeado: debía acercarse a ella, aparentar que no le importaba su novio, jugar a la indiferencia, hacerse el de la vista gorda y flirtear como si no existiese adicionales, por más extraordinarios que fuesen para ella.

Si para tener y retener a Andrea debía engañarla, hacerla sufrir y hasta separarla del verdadero amor, él no lo iba a pensar. Estaba dispuesto a todo. De eso se trataba, de conseguirla sin importar los medios, los límites, ni los detalles. La sensibilidad no existe cuando el amor está en juego, no el de Miguel.

Pero las ideas se extinguen fácilmente frente a la existencia de la inalterable soledad. Lo único cierto en toda la historia era que se encontraba solo sin soporte ni ayuda. Todo lo que tenía eran sus planes imposibles e irreales. Todo negativo, todo malo. Mientras Andrea disfrutaba la vida, sonreía junto a su novio, conocía el placer, hallaba la felicidad de a dos, en dos. ¿Cuándo la conocerá, Miguel, el niño egoísta? ¿Cuándo aprenderá a realmente querer a Andrea? Si lo hiciera, si tan solo actuara correctamente, podría ser amado. Si no insistiera en un amor que no existe, en una mujer que hace mucho se le escapó, en un inexistente.

domingo, 13 de enero de 2013

Siempre quedas


Este es un cuento que escribí entre junio y agosto de 2012 para un concurso que -evidentemente- no gané. Así que lo publico en el blog. Espero que les guste, representa el inicio y el fin de una etapa para mí.



Siempre quedas

He llegado a pensar que tal vez y todo ocurrió en mi mente, como en las novelas,  que todo era una gran ficción que había creado para desarrollar mi propio drama. Los sentimientos, las manipulaciones, los odios y luego los rencores.

¿Cómo te llamas? –pregunté, sin saber a lo que me enfrentaba.

Hasta ese día mi vida transcurría en la más completa pasividad. No existían celos, dudas, pronósticos, ni siquiera creencias. Solía ir a leer a un parque mientras oía el crujir del océano. Me gustaba la calma que sentía en ese lugar. El silencio sepulcral, interrumpido sólo por el sonido de las olas, permitía a mi mente volar con las historias que leía. No había placeres, mucho menos alegría.  

Bastó un cruce de miradas. Respondiste con una hermosa sonrisa. A las pocas semanas ya formabas parte de mi cotidianeidad.

Nuestros encuentros fueron siempre en el mismo parque. El ritual de todos los viernes. Salir del trabajo, caminar por La Paz, llegar a nuestra banca y esperarte.  Siempre estaba ansioso, temía que no llegases. Fumaba un cigarrillo, contaba los dedos mis manos, escarbaba el pasto con mis viejas zapatillas. Pero siempre emergías de entre las masas, despreocupada, con tu amplia sonrisa. Caminábamos por las calles,  buscando nuestro lugar frente al mar, las estrellas y la leve garúa limeña. Sentados, pasábamos horas en silencio, el golpe de las olas rompiendo en las rocas, tomados de las manos, abrazados. No había necesidad de pronunciar palabra alguna, era suficiente con compartir la helada oscuridad. Una de esas noches intenté besarte. Muy delicadamente volteaste el rostro, no dijiste nada. No hubo por qué. Estaba claro y lo entendí.

Nos seguimos viendo durante un par de semanas más, hasta por fin aquella noche de noviembre en que me aceptaste. Un acercamiento, el contacto de los labios, las lenguas, tu aliento; el beso que solo tú supiste dar. Dejaste de ser una extraña que camina por el parque y te tornaste en indispensable. Te volviste mía.

Pero, las ilusiones no deben nunca sobrepasar el límite de lo irreal, es mejor que se queden en la mente, donde pertenecen. Una vez que se materializan, la vida te enseña que no todo es posible, que la felicidad, sí esa felicidad en mayúsculas y con mayúsculas, no existe,  mejor quedarse en la ficción, donde todo es bello y posible. Había creado una versión tuya que nunca existió, que no existiría.

Conocerte tal cual eras fue un desencantamiento. No eras lo que finalmente buscaba y nunca lo habías sido. Pronto todo se tornó en habitual, tedioso. Había descubierto ya tus defectos, tus caprichos, tus engreimientos.

Me acostumbré a que me quisieras, a que te entregues y me complazcas. Alimentabas mi ego y eso me gustaba. Bien dicen que si la mujer aprende a controlar tu ego antes que tu deseo, estás jodido. Así fue contigo. Aprendiste a controlarme, a alimentarme cuando lo ordenases. Una noche me llamaste.  Estabas ebria. Me despreciaste, me insultaste. Pensabas que te había usado. Me dijiste que no fui más que una gran decepción, un error en el camino. Para ti no era más que un ser individualista, un caprichoso y antojadizo, alguien que usaba a su conveniencia a las personas. Nunca me diste explicaciones, tampoco las pedí. Un “perdón” fue suficiente para intentar borrar tus palabras y aparentar tranquilidad. Lo cierto es que nunca lo olvidé, ni mucho menos te perdoné.

Lo más lamentable era percatarme de todo eso y continuar en la misma situación. Solo podía odiarte en secreto. Odiarte porque te amaba y te repudiaba, porque te deseaba, pero no eras lo que buscaba, porque no quería seguir a tu lado, pero nunca me negué. Odiarte y odiarme, para luego amarnos durante 40 minutos en una cama, olvidándome de los sentimientos, la dignidad y el pudor.

Aun así seguí a tu lado. Tal era el grado de control que ejercías sobre mí que, cuando quise separarme y defender el poco orgullo que me quedaba, no pude y regresé a tus brazos a llorar y suplicar por un minuto más junto a ti.

En un momento vi en el camino a  alguien más. Estaba en guerra y no dejaría que se lleven mi trofeo. Había que defenderlo con todos los medios posibles. Estaba con la espada desenvainada y los colmillos afilados, dispuesto a todo. Así que dejé de odiarte para poseerte obsesivamente. No te dejaba ir, te retenía a mi lado. Tú seguías con el juego manipulativo, pero para ese entonces yo también había aprendido bastante de ti, así que también entré al juego. Primero había que alimentar tu ego, luego ofenderme y jugar el papel de víctima (que por cierto tanto me gustaba, he llegado a pensar que encontraba cierto placer en eso). Por último, había que atraerte y repetir el procedimiento, hasta hacerte sentir culpable.

Lo que empezó como una guerra contra un único rival, se convirtió en un estado permanente contra la colectividad. No quería que te acercaras a nadie, cualquiera podía ser el enemigo y debía estar preparado. Me empezaba a desequilibrar. Luego regresaba la vergüenza de tenerte, mis odios, mis frustraciones.  Poco a poco nos íbamos introduciendo en una espiral infinita.

En el punto más crítico, descubrí un escape, un refugio de ti, un escondite donde escupir sin culpas: la literatura. Ya no sólo me dedicaba a leer. Empecé a crear mis propias historias, en las que siempre aparecías. En las que podía odiarte sin temor, podía vomitar todo mi odio para luego, cuando nos viéramos, abrazarte y besarte sin desdén. Aparentaba una vida contigo y vivía mil más en esas historias. Pero seguía siendo todo por ti ¿no te diste cuenta? Era parte de mi amor. Creías que era egoísta, pero nunca notaste que me alejaba para escribir y no dañarte.

Eso tampoco duró mucho. Mientras más te escribía, más me alejaba y más te mentía, pasaba cada vez más horas escapando de ti en mis historias. Era difícil distinguir cuándo algo había sucedido y cuándo lo había creado escribiendo. Inventaba situaciones por las que nunca pasamos, me creí mis propias historias y eso me atormentaba más.

Aunque no había superado las tormentas, los odios y las obsesiones, creí estar listo para mostrarme. Así que te escribí algo, te escribí todo

-       Tómalo - te pedí.

Había tardado días en escribir esa historia, aunque para variar, y como todas las anteriores, no fue más que un bodrio.

-       No me gusta -sentenciaste, ligeramente, sin mayor análisis- Creo que deberías dedicarte a otra cosa. Debes reconocer tus propias limitaciones, Esteban.


Me había deteriorado todo ese tiempo para conservarte y no ofenderte. Había escrito de todo y todo sobre ti. Pero no te bastó o no te diste cuenta. Me había autodestruido por alguien a quien no quería, ni existía, pero que lo representabas para que, finalmente me humillases.

Me encargué de despreciarte, de disminuirte. Encontraba un extraño placer al herirte, al verte sufrir. Era mi venganza. Quien quiera que diga que la venganza es mala, no ha visto llorar a su enemigo. Después de todos esos meses enfermándome para cuidarte. Volcaría sobre ti mi veneno, sin piedad, sin remordimientos, pero esta vez sería real y sin medidas. Solo había un modo de curar. Ambos sabíamos cuál era, pero ninguno lo mencionó. Estuvimos a la espera del momento adecuado.

Por costumbre no se sufre, ni mucho menos se busca venganza. Debo reconocer que todos estos años – en los que me mostré fuerte, sin ti – no fueron más que una mentira. Tres años que no fueron más que una búsqueda de ti en cada boca, en cada cama. Buscando una sensación, un olor, una palabra que me haga sentirte. Siempre quedas.


Fue imperante hacerlo yo mismo, apuñalarte en aquel lugar donde un día fuiste mía por primera vez. Delicioso, casi orgásmico, oírte gritar y sentir el cuchillo entrar una, dos, diecisiete veces en tu abdomen, desgarrarte, ver como tu sangre lo inundaba todo. Mientras agonizabas, mis ansias se iban atenuando. Mientras te acercabas al último exhalo, contemplaba tu rostro, hermoso, imaginando esa sonrisa enorme, despreocupada, eterna.

Tiré tu cuerpo a un lado y me puse a escribir, con los dedos aun manchados, dejando huellas sobre mi preciada Remington. Me habías arrancado del mundo, estaba viviendo a tu gusto. Solo podía escribir para intentar curar, escribir para eliminar, escribir para seguir enfermándome. Ahora sí  las palabras fluían, hermosas.  Al fin estaba listo para ser un escritor.