domingo, 2 de diciembre de 2012

Cómplice


‘Uy, carne blanca’ –gritó el vendedor de chocolates vicio. Para endulzar el paladar, para enamorar y pedir perdón, joven–. Cinco metros me dividían de aquel vendedor, en medio de los dos una chica de tez blanca palidecía petrificada, aferrada a su cartera emanando nervios y temor. Podía ver sus ojos saltones gritar por ayuda y nada hice. Tomó con ambas manos el fólder que llevaba, como si fuese lo único de lo que se podía sujetar, y se dirigió al siguiente paradero. Ya no quería estar más ahí. Es increíble como dos palabras pueden dar señal de peligro en esta ciudad, dos palabras que pueden anteceder a un tocamiento, un insulto o hasta una violación.

Yo no pude hacer más que mirar esa triste y cotidiana escena. Quise abrazarla y decirle que todo iba a estar bien, que algunos seres tienden a olvidar su calidad de humanos (porque definitivamente gritar vulgaridades en la calle a una extraña no es de humanos), pero no lo hice, me quedé paralizado. Al inicio sentí asco, repudio. Tuve ganas de obligar a aquel vendedor a disculparse con la joven señorita de castañas cabelleras. Pero cuando volteé a mirarlo yo también sentí temor. Temí la reacción violenta, temí quedar como un loco por defender a tan simpática desconocida, temí incluso ser silenciado por ella.

Así que callé y seguí caminando, desconcertado miré nuevamente a la chica. Su temor ya había desaparecido ¿Tan rápido? No, su temor no se fue y dudo que se vaya alguna vez, estará siempre junto a ella, en su personalidad, convive en ella y probablemente lo haga desde que su mamá una vez le dijo a una púber niña, que aprendía a tomar micro sola en Lima, no uses faldas muy cortas ni shorts altos; o desde que un trabajador le gritó ‘peladita’ una mañana de verano cuando se dirigía a un club.

Nos hemos acostumbrado a que vendedores de chocolates, jóvenes estudiantes, trabajadores, esposos, solteros y hasta niños repitan esa escena diariamente en calles de  cualquier distrito limeño sin distinguir lugar de procedencia, grado de instrucción o calificación crediticia. He visto a señores muy elegantes y distinguidos girar ciento ochenta grados la cabeza para mirar ‘el culo’ a una joven en minifalda. ¿Qué acaso nunca vieron unas nalgas?
  
Aquella mañana fui uno más, sin remordimientos. Tal vez no grite vulgaridades, ni silbe, ni ‘meta mano’ a cuanta chica camine por Lima. Sin embargo, mientras siga indiferente ante lo que sucede, mientras no abrace a una mujer que acaba de ser agredida verbalmente, mientras no pueda hacer algo más que observar, no podré evitar esta diaria culpabilidad.

2 comentarios:

  1. Viví ese sentimiento desde el otro lado (y no es que me hayan gritado algo similar) cierta vez tuve que ir al centro comercial megaplaza y como era temrpano (8 pm.) decidí irme en una combi de manera directa y tendría que caminar 1 cuadra, cuando bajé de la combi y cruce la pista 4 sujetos me abordaron sujetándome de los brazos y por el cuello mientras uno de ellos me rebuscaba los bolsillos, saqué fuerza de la cólera que sentí de que unos buenos para nada te quiten cosas que te han costado tener entre ellas mis celulares y mi billetera (no tenía más), puse mayor fuerza dado que veía que pasaba gente por aquella calle, personas que se limitaron a observar el espectáculo y que no ayudaron ni para hacer bulla al menos.

    Terminé revolcado en la tierra, golpeado y con la cara hinchada pero hirviendo de cólera. Logré sentarme ahí mismo dónde estaba y veía con cólera a la gente que se había detenido a verme en el piso, sólo un pequeño se acercó a mi y me dijo: límpiate, hubieras llamado a tus amigos! y entonces sólo sonreí, le dije: mis amigos no están... me levanté, me sacudí y entré a los baños del centro comercial a limpiarte y lavarme.

    La delincuencia en Lima cada vez toma mayor fuerza, hace unos días mientras iba en el bus escuché que una señorita gritaba: bajen, bajen, ne robaron el celular los que acaban de bajar! ella bajó y el bus siguió su camino; nos hemos acostumbrado a esta realidad que simplemente ya nadie hace nada ante estos abusos. Ojalá el chofer hubiera detenido el bus y todos se hubieran bajado a darle su merecido a esos patanes.

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  2. Un día escuche que el mundo esta así no por aquellos cometen violencia, sino por aquellos que se quedan viéndola y no hacen nada.

    Es una lastima.

    Saludos.

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