domingo, 21 de octubre de 2012

Guía práctica para una venganza efectiva

¿Ha querido infringir dolor y sonreír mientras un ser indeseable llora? ¿Lo lastimaron y desea vengar su honor? ¿Se pregunta cómo vengarse de su enemigo? Pues bien, querido lector, ha llegado usted al lugar correcto, tan solo siga estos pasos y le aseguro una dulce sonrisa al final del camino, mientras ve sufrir al ser indeseado: 


1. Provoque al enemigo. Sea sutil y muy delicado en este asunto. El fiel cumplimiento de este primer paso es vital para su proyecto de venganza. La provocación debe ser tal que saque a relucir lo peor del antagonista, pero mostrando siempre su mejor lado. Recuerde siempre que usted es un caballero, un gentleman. Jamás debe insultar, mucho menos dejar que emane de su cavidad bucal palabras soeces. Si pregunta, entonces, cómo conseguirá sacar de quicio, pues responderé que debe utilizar la ironía, sin agresiones. Las preguntas irreverentes son buenas acompañantes. Apuñale sin necesidad de un cuchillo. 


2. ¿Ya se ofuscó el enemigo? Perfecto, lo tiene usted ad portas del abismo. Una vez que esté irritado, vociferando mentadas de madre y propalando insultos por doquier, usted tan solo debe respirar profundamente, mirarlo consternado y jugar al desentendido. "¿Por qué?" o "¿Y ahora qué tienes?" son buenas preguntas ante la reacción contraria. Esto lo molestará aun más y ahora sí, lo tiene usted en el hoyo. Un poco más de ataques caballerosos y como detalle final una sonrisa irónica, como muestra de que es usted quien lleva el control. El enemigo no sabrá qué hacer y viene lo que tanto buscábamos: agresión física. 


3. ¿Le están pegando, querido lector? Perfecto. ¿Lo patean en el suelo? ¿El enemigo lo agarra a puñetes? ¡Excelente!. Ha logrado usted finalizar con éxito la primera etapa. Ahora debe dejar que actúe. Sí, oyó bien: déjelo actuar. Por nada de este mundo impida su reacción, recuerde cuánto ha luchado por llegar a esto. Tampoco conteste con agresiones. No, no buscamos una gresca. La venganza es más placentera cuando el dolor que se infringe es interno. Así que déjese golpear: su venganza será más dolorosa. Recuerde ser la víctima. Llorar es un plus, si puede, hágalo. 


4. Ahora sí, tampoco buscamos que usted sea desfigurado ni que el enemigo genere graves consecuencias en su ente somático. Es hora de actuar elegantemente. ¡Grite! Una vez que vea demasiada sangre o sienta demasiado dolor ¡Grite! Aquí sí está permitido insultar un poco (tampoco queremos crear algo fantasioso, todo debe parecer real). Haga un escándalo y logre que la mayor cantidad de gente se acerque. ¿Tiene celular? Grabe al enemigo perdiendo los papeles y súbalo a su cuenta en Twitter. Lo demás cae por su propio peso: solo debe esperar a que alguien aleje al energúmeno. Hasta entonces siga usted gritando. Para ello es importante que calcule el tiempo entre el fin del paso 3 y el inicio del paso 4, pues repito no deseamos que usted sea lastimado en exceso. Cuando esto llegue, ha concluido usted el segundo nivel. 


5. Levántese lloroso, pero dignamente; tenga siempre presente que es un señor respetable. No importa qué tan moreteado o ensangrentado esté, no pierda la compostura. Muy bien, ahora camine hidalgamente, mire con odio al enemigo, agradezca a los asistentes y tome un taxi. ¿A la clínica? No, jamás. ¿En qué piensa usted, querido lector? ¡A la comisaría! 


6. Este es probablemente el paso más sencillo. Una vez en la comisaría los eslabones se unen por sí solos. Únicamente debe ser visto por un policía y todo se desarrollará de acuerdo a lo planeado. Debe narrar los hechos tal y como se los he explicado: usted no hizo nada, no insultó ni agredió. El enemigo empezó a gritar y usted solo preguntó un par de cosas. Luego, repentinamente, él reaccionó con golpes y patadas (es ahí donde muestra las heridas). Perfecto, eso es todo. No mencione nada sobre las intenciones ni sobre mis recomendaciones. Pase por el médico legista y firme la denuncia. ¡Perfecto! Ahora sí, puede usted atenderse en la Anglo Americana. 


7. Espere un par de días y llegará una notificación a su domicilio. ¡Es lo que tanto buscábamos! La Fiscalía está en busca de su testimonio. Acuda inmediatamente y repita lo señalado en la comisaría, esta vez con menos drama, pero enseñando nuevamente las huellas del ataque. Narre los hechos y dígale al Fiscal que usted solo busca justicia. Importante: en este punto llorar no está permitido. Guarde usted la compostura, hombre, está frente a un Fiscal y no puede mostrarse como un pusilánime. Si preguntan por qué no contestó los ataques, responda que lo atacaron de improvisto. No conteste aquello que no está relacionado con la agresión, no está obligado. 


8. Este es probablemente el punto más engorroso y largo del procedimiento. Debe usted hacer seguimiento del juicio iniciado contra el enemigo. Constitúyase como tercero civil en el proceso y deje todo en manos del abogado. No importa si éste es de oficio o contratado, las pruebas están de su lado. No solicite una suma muy alta como reparación: ni más ni menos de lo que gastó en recuperarse, el dinero es lo de menos. Su venganza consiste en mucho más que una suma de dinero. Su venganza es eterna. Por otro lado, le informo que si ha llegado hasta este nivel es porque ha sido diligente y responsable con lo asignado. ¡Felicitaciones!, nuevamente. Siga los pasos. La sonrisa pronto llegará, con calma. 


9. Día de la lectura de sentencia: no importa cuánto demore el juicio, usted debe ir. Escuche pacientemente el veredicto y cuando lean la parte resolutiva agradezca a Dios y si la pena es elevada, también agradezca a este humilde servidor. Puede empezar a sonreír cuando vea al enemigo enmarrocado, siendo trasladado a la carceleta del Poder Judicial. Eso sí: la sonrisa no puede ser muy notoria, no queremos que el juez note nuestro regocijo. De preferencia que sea la misma que le lanzó momentos antes de la agresión, así solo usted y él entenderán la venganza. 


10. ¿Suficiente? No, estimado lector, al inicio del presente le ofrecí una sonrisa placentera en sus labios y así será. Este es el paso final, no es difícil, es placentero. Pero recuerde cumplirlo, sin este paso, todo lo realizado anteriormente no tendría sentido. Debe usted acudir al penal. Tome sus mejores ropas, échese un perfume Chanel y compre un regalito para el enemigo, unas conchas de mar sería una buena idea (así le recordamos que usted puede ir a la playa y él no). Ingrese al penal y mírelo: destruido, preso, inlibre. Sonría, sonría plenamente. Suelte la carcajada, querido lector. Este es el momento. Sienta la venganza. ¡Más fuerte! que el enemigo sepa quién está libre y quién no. 



¿Lo imaginó? Fue delicioso ¿cierto? Pero también fue suficiente. No lo aplique jamás. Usted, al igual que yo, es un caballero y los gentlemen no perdemos el tiempo en venganzas ¿O sí…?


domingo, 14 de octubre de 2012

Procesos

Hoy asumo mi derrota y a la vez descubro mis certezas.

No te odio, solo te descubro.

Mis esperanzas no han muerto. Como tú bien me enseñaste, las deposité en alguien más.

Tu verdad me apena, tu ausencia me enseña, tu alejamiento me autoriza.

¿Diferencias entre lo eterno y lo pasajero?

Un suspiro no es eterno, es desalentador.

¿Recuerdas mi promesa y tus peticiones?

No pidas algo si jamás lo regresarás.

No deberías sangrar, el velo no está soldado.


lunes, 8 de octubre de 2012

Conclusiones de un amor enfermizo

Y eso fue lo último que te ofrecí: un cigarrillo; un cigarrillo y mis nervios.

Estaba impaciente, caminaba lento, consternado, un poco atolondrado. A penas y podía llevar el cigarrillo temblorosamente a mis labios. Ese era tu efecto, te acababa de ver y no me hizo nada bien. Te veías feliz, alejada de mí y de lo malo. Me duele, aún me duele.

Noche en la universidad. Te había pensado durante todo el recorrido, y ansiaba un cigarrillo. Lo fumé, lo inhalé, sentí el humo en mí, lo boté. Y sentí que te dejaba ir con el humo. 

Ojalá fueras tan fácil de botar como ese tabaco -pensaba-, ojalá pudiese tenerte tan dentro mio, como tuve ese humo y lanzarte de un sólo soplido de mi ser. Ojalá te elevaras por los aires hasta desaparecer de mi vista.

Pero eras más densa que un simple cigarrillo.

Hace poco lo entendí: debía probar algo nuevo, dejarte de inhalar tan seguido. Dejarte ir. No se trataba de ti, era yo quien se aferraba, era yo el adicto. Yo, el enfermo. Me sujeté a tu recuerdo, un recuerdo falso, fantaseado, idealizado. Aun conociendo ello decidí quedarme. Cada quien sabe cómo auto destruirse. Bien dice Canibal: Cada quien se hace mierda a su manera. 

Después de meses puedo decir que la cura ha llegado. Hace mucho que descubrí nuevas cosas. Ya no necesito de tu recuerdo. Ya no sufro más, no por ti.


NOTA: No quería dejar este relato a medias, debía terminarlo. Estaba ahí hace meses, mirándome de un modo desolado. No era justo. Todo en esta vida debe ser concluido. Todo en esta vida tiene un punto final.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Bienvenido

Seguro quisieras ir a todos esos lugares fastuosos de los que te hablan o tan solo caminar por la calle mirando el atardecer sin ser observado. Apuesto a que te fascina la idea de bailar en una de esas discotecas de las que tanto te hablan o tan solo poner música a todo volumen en tu casa sin que los serenos se acerquen a tu casa y te exijan bajar el volumen. Te gustaría fumar marihuana sin que te miren con desdén. Quieres ir a 'bajarte' ese feto que llevas en el vientre ¿cierto? Una vez más, te quedarás con las ganas o correrás el riesgo. Te gustaría contarle a todos que en verdad no eres tan santa como les contaron. Tal vez tan solo quieres pasar los pocos días que le quedan a tu anciana vida sin rechazos, pero es imposible.

Vives en Lima.

Vives en Lima y debes soportar la discriminación porque vienes de provincia, porque tienes rasgos de provinciano, porque hablas como provinciano, porque no sabes inglés, porque eres menor, porque eres muy anciano, porque eres mujer, porque no eres hombre, porque no eres fiel, porque piensas diferente, porque crees en la libertad, porque no vistes a la moda, porque no tienes dinero, porque eres gordo, porque caminas diferente, porque te drogas, porque has abortado, porque te prostituyes, porque eres feo.

En suma, por todo.

Y ves cómo la ciudad es indiferente a ello. Error: ves cómo la ciudad entera participa y apoya tu desprecio. Se regocijan en él.

Camina siempre con la frente en alto, la espalda erguida. Bien, así. Ahora que no te importe nada. ¿Pido mucho? Bueno, entonces no lo demuestres. Sigue tu camino. Hazlo, como dice Frank, a tu manera. Ahora escoge a unos cuantos. No, no tantos. Solo algunos. Quiérelos y conoce la amistad. Protege a tu familia. No, en un lugar más seguro. Buen muchacho. Ahora visualiza el camino. ¿Qué quieres? Esfuérzate si lo anhelas. Es hora de irme. ¿Estás preparado? Ve.