domingo, 9 de septiembre de 2012

Parcela de felicidad

Atraviesas un portal y te ves derrotado, deprimido. De eso ya un año. Quisieras abrazarte y decirte que todo estará bien. Quisieras mostrarte a ti mismo y decirte: "Calma. Míranos, ahora somos felices y todo va bien". Pero no puedes, ni debes.

Uno de esos días de marzo deseabas que el tiempo pasara rápidamente, que llegara y con su implacable democracia cambiara radicalmente todo lo existente: los sentimientos y los hechos. Uno de esos días, tan solo llorabas y te preguntabas por qué y hasta cuándo. Repetías que la vida era injusta y demás babosadas. Uno de esos días tan solo querías gritar y salir corriendo del abismo en el que, pensabas, estabas inmerso.

Pero ya ves que ni era abismo, ni tenías una vida injusta. Incluso, ves que el tiempo que tanto pedías siempre estuvo ahí y tú no hiciste más que reclamarlo.

El sufrimiento fue necesario. Debías, como decía aquel ángel, purificar tu alma, para luego poder sonreír y fortalecerla. Así que te dejas ahí, llorando y lamentándote, viviendo el momento. Porque inclusive ese sufrimiento tuvo implicancia en tu ‘hoy’.

Y ahora te ves aquí, sentado escribiendo. No estuvo tan mal ¿No?

Ahora miras atrás y ves que lo que tanto reclamaste durante meses llegó en un par de semanas y transformó todo, cambió tus perspectivas, tus objetivos y hasta tus creencias.

Empiezas a relacionar los hechos y ves todo tuvo una conexión. Te sorprendes por cómo todo tomó su correcto camino.

Hoy puedes respirar y no sentir opresión alguna. No hay más deseos frustrados.

Ahora cuando te miras al espejo hay una sonrisa, melancólica y nostálgica, pero al fin y al cabo sonrisa.

Hoy cuentas con una parcela de felicidad. Es pequeña, modesta y aún falta arar la tierra para poder sembrar. Pero es tuya, tenlo por seguro. Te la ganaste, la mereces. Probablemente deseas más. Quisieras tener cientos de hectáreas de felicidad. Luego piensas que, por el momento, ese pequeño terreno está bien. Igual y todavía ni puedes con él, entonces pedir más tal vez sea un acto de egoísmo. También te gustaría tener compañía. No estaría mal poder arar la tierra junto a alguien. Mejor aún si es con aquella persona que te ayudó a ganarla. Pero no es posible. Esa persona está al otro lado del continente, cocinando los frutos del amor que sembró junto a alguien más. Entonces regresan las ganas de llorar. Pero rápidamente piensas en tu parcela y todo el trabajo por hacer. No puedes quebrarte. Necesitas delimitarla, cercarla, pintarla y trabajarla si deseas ver los frutos. La compañía caerá por su propia cuenta.



Lima, 8 de septiembre de 2012

2 comentarios:

  1. me gusta la metáfora de tener que cuidar trabajar para fomentar la parecel de felicidad

    ResponderEliminar
  2. Es bueno saber que estas bien. Al fin.

    ResponderEliminar