domingo, 2 de septiembre de 2012

Muérete

Llámenme cruel, pero debo admitir que he deseado la muerte más de una vez y a más de una persona.
No puedo negar que he querido, inclusive, matar yo mismo.

Ahora mismo, por ejemplo, deseo que ese malnacido se extinga. Que se lo lleve la muerte y que mis manos ayuden.

Ayer deseé la muerte de un feto. No es cruel, todo lo contrario. Fue bondadoso, fue un acto de cariño y preocupación. Pensé en los padres y en el futuro del niño y concluí que lo mejor era que el feto muriera y mientras más pronto mejor. Los potenciales padres sufrirían, pero en unos años agradecerían a la Providencia por tan dichoso infortunio.
Lamentablemente, el feto sigue vivo y, para tortura de los padres, se desarrolla.

Si me dieran a elegir un modo de matar escogería una guillotina. Delicioso ¿no lo creen? Sería un feliz verdugo. Tu verdugo. Y no usaría máscaras, porque no quisiera esconderme. No quisiera que nada obstruya mi vista de tu rostro falleciendo, desprendiéndose de tu cuerpo.

Sigo deseando la muerte del malnacido. Podría decírselo, pero no ganaría nada con ello. Aunque tampoco ganaré nada guardando la muerte en mí.

Pisaré una cucaracha y pensaré que lo aplasto. 
Aunque con ello no bastaría. 

Malnacido, sobre ti caerán mis cuchillos, porque los tengo afilados y no deseo que se oxiden. 

Espero estés preparado,

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