jueves, 30 de agosto de 2012

Eterno ángel

Nunca antes había sido tan feliz al llorar.

Estaba parado frente a ella, destruido porque dejaba ir a la única persona que lo supo querer y entender, tal cual era.
- ¿Me abrazas?
- Claro, ven. Usted es muy bonito -respondió.

Cómo le gustaba que utilicen esa palabra. Nunca antes nadie lo había llamado así. Por eso estaba feliz, porque por fin había hallado lo que buscaba y le retornó la fe y le regresó la esperanza en el mundo. Así que ahora está ahí colgado, esperando por su regreso o por el hallazgo de algo siquiera semejante a ella. Alguien que lo quiera y lo valore del mismo modo.

Lo mejor fueron los besos que nunca se dieron, la cama que jamás compartieron y el orgasmo que nunca sentirán. Así demuestran su amor, con respeto, con sutileza.
Pero su libido, su asquerosa libido, debía aparecer e intentar arruinarlo todo.

Un beso, por favor.
No puedo.

Al día siguiente se sintió fatídico, pero ella seguía ahí, estaba presente. Se había alejado, pero jamás se fue. Un correo, una carta, una señal. Su recuerdo.
Él solo podía agradecer por las noches juntos en el pasto, la siesta en el parque y los consejos a suave voz. Agradecer por ser su protección durante las noches de garúa limeña.

Y ahora, una vez por semana llega la felicidad a su vida en forma de correo electrónico. En resumen, treinta palabras que lo hacían sonreír, que le demuestran como actos tan pequeños pueden hacerte feliz. Y ella le dice 'bonito', nuevamente. Pero qué vacío se siente. Cuán utilizado y denigrado, excepto ella.

No está cumpliendo la promesa. Ella no lo sabe, pero él no puede ser feliz mientras ella siga lejos, disfrutando, la necesita aquí y ahora.
¿Volverá?

Imagina esto: otro correo suyo, pero esta vez dice que volverá, que su compañía la necesita durante todo el verano en Lima, trabajando. Entonces sonríe, siente la felicidad, quiere gritar y bailar, quiere que llegue pronto el verano. Luego recuerda que es solo un sueño, una ilusión y vuelve a sentirse desdichado. No tiene más remedio, trata de ser como ella, de respetarla aún a la distancia, pero no puede. Su lengua, desesperada, busca una cavidad bucal donde introducirse, entonces purga con otras lenguas, las sodomiza y regresa la libido. ¡Qué estropajo es! ¡Cuán usado está!

Ella ya no responde, él mira ansioso el celular, esperando por una respuesta. Di siquiera 'Hola', dime que estás. Di que exististe, por favor, que no inventó todo y que pronto se verán, que lo volverás a abrazar y nunca jamás rozarán sus labios. Dímelo. Díselo.

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