lunes, 30 de abril de 2012

Salvador

Salvador está perdido. Salvador se siente solo y abandonado. Salvador no sabe qué hacer, ni a dónde ir, ni mucho menos con quién. Salvador necesita quien lo salve. 

Fue en un abril, uno de esos abriles mágicos y maravillosos que tanto suenan en las novelas, pero que nadie jamás ha vivido. Santiago no creía en esos abriles [y la verdad yo tampoco]. Pero ahora piensa que ese fue uno de esos abriles, un abril mágico y maravilloso, un abril de best-seller.

Ella estaba allí, estaba lejos, estaba presente. Santiago no podía dejar de mirarla, nunca lo ha dejado de hacer. Ella parecía tan inalcanzable. Él intentaba conquistarla con cartas y poemas que jamás le envió. Ella era dulce, era lacia, era paciente, era bella. Él no tenía muchos méritos, o mejor dicho no tenía alguno y hasta ahora no se explica por qué ella anduvo junto a él. 
Y todo sucedió tan rápido, tan de repente, que cuando pudo realmente concentrarse en el presente, ya era muy tarde. Todo fue como un abril de esos mágicos y maravillosos que tanto suenan en las novelas.

Salvador puede verse ahora en retrospectiva, puede ver ese abril tan lejano, tan presente, tan distante, tan memorable. 


Unforgettable 

In every way, 

And forever more 
That's how you'll stay. 



(Unforgettable - Nat King Cole).


Salvador ahora se odia en retrospectiva.
Pero, todo ha cambiado, y todo incluye a Salvador; quien ahora sólo posee recuerdos a los que se aferra cada vez más, porque a medida que los momentos pasan los recuerdos son más distantes, más pesados y menos realizables. Pero los recuerdos transcienden a el tiempo, por eso él se aferra a ellos, porque hoy, después de 18 meses, es lo único que tiene en los bolsillos: recuerdos.

Aun hoy, Salvador escribe cartas y poemas que no envía. Aun hoy, Salvador sigue mirándola, desde lo oculto, cada vez que puede. Aun hoy, Salvador extraña.


Salvador ha probado todo en ésta vida, pero todo no es suficiente cuando sólo se quiere algo.

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