sábado, 15 de octubre de 2011

Egoísta

‎"Lo lento, lo formal, lo ritual, lo teatral, eso es lo erótico(...). La precipitación nos acerca al animal, más bien." 
Mario Vargas Llosa.



Enrique había conocido a Melissa en una fiesta hacía no más de tres meses. Habían empezado a hablar por teléfono a los pocos días y a mandarse mensajitos de texto todo el día. Las salidas y los flirteos no se hicieron esperar y para la segunda semana de haberse conocido se dieron su primer beso. Un beso típico, nada extraordinario, nada sentimental, simplemente un beso. Para Melissa no significó nada, sabía entregar besos fácilmente y uno más no la afectaba ni la ilusionaba, tenía claro que con Enrique sólo estaba saliendo y que era uno más. Enrique lo tomó casi igual, pero él se ilusionó en un momento, no con estar ella ni mucho menos con formalizar, se ilusionó con su cuerpo.
Las salidas continuaban, al igual que las llamadas y los besos, estos últimos cada vez más intensos, no en cuanto a sentimientos, sino a erotismo. Enrique pensaba que mientras más rápido fuesen sería mejor, más rápido tendrían relaciones y más rápido terminaría todo. Melissa seguía firme en su pensamiento, pero ahora consideraba la opción de pasar una noche de placer con Enrique, aunque ella prefería ir lentamente hasta que las cosas simplemente se dieran.
El momento claro que llegó. Cumplidos dos meses de su primer encuentro se vieron una noche en la casa de ella. El plan era conversar y ver unas cuantas películas. Era verano y ella vestía unos pequeños shorts y un pequeño top que no llegaba a cubrir su ombligo. Obviamente Enrique sabía que jamás verían tales películas y antes de llegar a la casa, paso por una farmacia y compró un paquete de condones. Aunque al llegar un baldazo de agua fría lo recibió: la familia de Melissa vería las películas con ellos, incluidos claro está sus dos pequeños hermanos. Así que tuvo que ver de inicio a fin las dos películas de Disney y aguantar los alaridos de los niños. Añadiéndole a ello que no había almorzado y que los niños se comieron toda el pop corn.
Las películas terminaron y los papás de Melissa ofrecieron ir por unas hamburguesas y, para agradecimiento de Enrique, se llevaron a los gemelos. Tenía poco tiempo, era ahora o nunca. Además Melisita traía esas pequeñas ropas que le calentaban los cojones y no pensaba desperdiciar los 7 soles que había invertido en los condones. Hablaron de un par de trivialidades, pero en verdad Melissa metía esos temas para hacer más largo el preámbulo, no quería que todo se diese tan rápido. Pero la verdad es que mucho no pudo contener la situación y la calentura se sentía en el ambiente. Sin darse cuenta él ya estaba sobre ella besándola y quitándole las pocas telas que cubrían su esplendor disfrazado de senos y su majestuosidad encubierta por unos cuantos vellos púbicos. Él sólo quería introducirle el falo y ella esperaba que eso la satisfaga. Así que se apresuraron y al cabo de unos cuantos segundos sus vestimentas yacían sobre la alfombra de la sala, mientras que sus lenguas se entretenían en un vaivén de placer y sus brazos se movían cual serpientes para alcanzar a palpar todo lo que hallaban por su camino. Enrique miraba su esplendor y podía casi escuchar como estos demandaban ser tocados por su lengua, ser besados por sus labios y no los quiso hacer esperar más. Bajo su cabeza unos cuantos centímetros y empezó con tan diligente labor. A la par que oía los gemidos de Melissa podía sentir en sus labios como sus pezones iban endureciéndose. No tenían mucho tiempo y Enrique ya no podía más con su arrechura. Fue por los condones y empezó con la faena. Melissa podía sentir como el falo de Enrique se introducía poco a poco en su vagina. Él quería sentir más así que cada vez que lo introducía cada vez más y ella en aras de satisfacerse le pedía que continúe. El quehacer terminó a los 10 minutos de empezado por el temor a que la familia de Melissa llegara.
Él llegó al orgasmo, pero no sintió nada especial a Melissa le pasó algo casi parecido, sentía que había tenido sexo, pero nada extraordinario. Los dos habían estado buscando siempre su satisfacción, habían ido con el afán de excitarse ellos por el otro y no con el otro y nunca, a pesar de que tuvieron sexo, lograron cubrir ese vacío. Había sido una experiencia excitante, pero jamás erótica, porque era un sexo egoísta, que sólo buscaba el placer propio.Y finalmente todo fue una paja con el cuerpo del otro, una estupenda paja, pero nada más que ello.



NOTA: Disculpen la prolongada ausencia, por el momento no tendré mucho tiempo por escribir, pero prometo hacerlo más seguido. Saludos.