miércoles, 17 de agosto de 2011

Espiral de error

Un lapicero, un marcador y unos audífonos, eso era todo lo que se encontraba en su escritorio. En el primer cajón una cajetilla de cigarros a medio acabar y unos cuantos libros con separadores a la mitad, ninguno sin terminar. En la estantería se combinaban más libros, hojas rotas, envolturas de chocolates y una lámpara con un foco quemado. La imagen se completa con una silla giratoria colo ocre con un par de chompas y casacas encima. No era un tipo muy ordenado, pero era bueno. No practicaba hábitos de higiene, pero tenía principios. No tenía muchos amigos, pero era fiel con los pocos que tenía. De vez en cuando se sentía muy vacío y para sentirse lleno comía, o mejor dicho tragaba. No era muy feliz. Andaba bastante obsesionado con que le ganen o con tener, tener y tener. A veces su obsesión había podido más que sus principios y era ahí cuando el infierno empezaba. Un hueco lo llevaba a otro más profundo y este a otro, hasta terminar en una suerte de espiral llena de momentos fatídicos. Cuando se daba cuenta trataba de borrar todo, no sin antes hacer lo que se había propuesto, claro está. Sin embargo nunca podía borrar todo y es que es imposible empezar de cero. Regresaba unos cuantos peldaños, pero nunca al inicio, y asemejaba esa mitad de camino como un nuevo inicio. Pero como era un sendero torcido desde el inicio nunca podía enderezarlo del todo. Y ahí va otra vez el espiral, el regreso y la comparación del nuevo inicio. Tal vez por eso siente el pasar de los días muy rápido, pero con demasiado contenido para tan poco tiempo a la vez. Es extraño, pero así lo siente él.

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