miércoles, 8 de junio de 2011

Saludos

Antes leer la parte anterior

Ernesto había esperado un buen tiempo poder hablar con Adriana, aunque sea un cruce de palabras, no pedía una larga tertulia, con un breve saludo se conformaba. Pero el tiempo transcurría y Adriana parecía no recordar ni su rostro. Ni que decir del request mandado por facebook, como es de imaginarse jamás fue respondido.
El único refugio que le quedaba era la música, el alcohol y como no los porritos que prendía en el tercer piso. Seguía subiendo de vez en cuando, aunque ahora miraba a todos lados y verificaba que no esté la chica de rasgos orientales. No era temor, era una suerte de precaución, no quería ser encontrado in fraganti, porque a pesar de que amaba 'hornearse' sabía que no era lo apropiado. Esas tardes sentado en el piso con sus pantalones cuzqueños y sus audífonos en los oídos eran increíbles, o por lo menos así lo sentía él. Las ideas fluían por su cabeza, a veces se le daba por ser músico, inclusive hasta se le ocurrían melodías, tras veces se preguntaba por cosas muy triviales, pero no tan preguntadas cómo de dónde surge el idioma o quién denomina las cosas como tales. Otras veces se le daba por ser escritor, es mas tenía un proyecto en mente, pero nada concreto, pensaba que era muy difícil poder ser publicado en este país así que seguía con todas esas ideas encapsuladas en su mente. Uno de esos días en los que alucinaba se apareció la chica oriental, él ni se percató porque estaba mirando el techo e imaginando. Ella se aceró y le quitó un audífono. La inicial reacción de Ernesto no fue cordial, las drogas hacían que ese chico tímido y respetuoso, se convirtiera en un ser cruel y violento.
-Conchatumadre, qué chucha te pasa- gritó Ernesto, dejando asustada a la chica del tercer piso, en palabras de Ernesto.
-Lo siento, lo siento, no sabía que te molestaría tanto- respondió temerosamente ella.
-No, no está bien, discúlpame tú a mí por los insultos.
-No, normal, te entiendo, si quieres me voy.
Por la mente de Enesto pasaron muchas cosas, se acordó de la cara de Adriana, del día en que conoció a la chica con la que hablaba, de sus ganas de escribir, de su frustrado request y se le dio por hacer algo insólito. Miró a la chica y le pidió que por favor no se fuera, la jaló del brazo y la besó, la besó toscamente. No fue un beso largo, pero sí intenso, no en tanto a emociones sino a físico. Terminado el beso Ernesto esperaba una cachetada o un insulto, pero a cambio recibió otro beso, pero esta vez fue un beso menos agresivo y más erótico. Ahora él también respondía y buscaba quitarle la chompa roja que llevaba. Ella se paró y entró al baño de mujeres, era una señal, él debía seguirla. Así que eso hizo, se paró y entró tras ella. Encontró la chompa roja tirada sobre la baldosa y a unos pasos un polo verde limón. Siguió el camino marcado por las prendas y la halló en un cubículo, sonriendo e intentando quitarse el sostén. Al parecer ella también estaba un poco drogada. Él no se quedó atrás y empezó a quitarse lo que llevaba encima. Mientras se desvestían los besos iban y venían en un afan de someter a la lengua del oponente. Ernesto andaba bastante aguantado, no tenía sexo hace más de 6 meses y tener esta sesión amatoria era como redescubrir el sexo en su vida. Las manos iban tocando lo que hallaban en el camino y quitando de este toda aquella prenda que impida el contacto piel con piel. A pesar de que la susodicha no contaba con un cuerpo voluptuoso, su figura no se veía nada mal sin ropas y además Ernesto siempre había pensado que "chucha es chucha pe". La timidez parece que iba desapareciendo del cerebro de la chica, porque era ella quien ahora tomaba la iniciativa. Le pedía a gritos sexo oral a Ernesto, quien accediendo a tales reclamos bajo y le dio, como vulgarmente se dice, un 'sopón'. Ninguno de los dos se preocupaba en si podían ser o no descubiertos, así como tampoco les importaba usar o no condón, sólo se enfocaban en el momento. Ella trataba de disfrutar y Ernesto procuraba llenarla de placer ¿Que estaban cometiendo lujuria? Pues poco o nada les importaba ser sacrílegos en ese momento. Querían tenerse y poseerse, tener cientos de orgasmos, llenarse de placer y probar el dulce sabor del sexo recién hecho. Las poses iban cambiando, pasaron del sexo oral al coito clásico. La chica que en un inicio se mostraba tierna y tímida era ahora una diosa salvaje del campo de Venus. Los gemidos hacían eco en las paredes del baño y las separaciones de los cubículos parecían ceder ante los empujes de los amantes. Por fin llegó el tan ansiado orgasmo final, habían tenido varios ya, pero ese último fue especial, marcaba el final de la sesión y a la vez alcanzaba estándares de placer nunca antes conocidos por ninguno de los dos. Seguramente es lo que muchos conocen como multiorgasmo, pensó Ernesto. Se vistieron sin decir ni una sola palabra, ella salió primero y él se quedó un rato mirándose en el espejo, sentía que no era el mismo que entró a aquel baño hace casi ya una hora. Se acordó de la chica y salió corriendo, miró a ambos lados y la vio esperando el ascensor.
¡Espera! ¿Cómo te llamas? -gritó él desesperado.
-Marcela, Marcela Temible, respondió ella.

2 comentarios:

  1. me dio entre risa y agg! jaja eso ultimo xq dijist uno o dos terminos q pff como q no me parecieron adecuados e ironicamente como q en parte es tmb lo q me dio risa jaja en fin no trates de entenderme sólo leeme jaja

    t sigo, saludos :)!

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  2. "además Ernesto siempre había pensado que "chucha es chucha pe". hgsahsahgsh Tha's classic! Esa continuación de pequeña historia esta buena ah! Ansío por saber más de Marcela Temible ;D

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