martes, 14 de septiembre de 2010

El secreto

¡Eres un mentiroso de mierda!- grité mientras todos se quedaban asombrados, nadie podía creer que le esté gritando todo eso a quien, hasta hace unas horas era mi 'amigo' o mejor dicho se hacía llamar mi amigo ¿Yo? Yo no he dicho nada compare, respondió como siempre el muy infeliz. Siempre mentía y esa vez no fue la excepción. Al oír esas ondas en mis orejas no pude evitar exaltarme y gritar: Ya déjate de huevadas imbécil, todos aquí sabemos que eres un mentiroso. A él no se le ocurrió nada mejor que decir oeoeoe no me grites ah, que a si tú gritas yo también puedo gritar. Fue ahí cuando estalló la guerra, jamás me debió decir que él también podía gritar, ese fue el punto de ebullición.
-Calla reconchatumadre a ver grítame otra vez.
-Te grito pe, te grito.
Estaba tan nublado por la ira que no se me ocurrió nada mejor que lanzar mi puño sobre su ojo palpitante y luego sobre su pómulo tembloroso, que no hacía nada más que demostrar que todo lo que decía era mentira.
Todos gritaron, mas nadie se metió. A pesar de su 'preocupación' todos quería ver qué sucedía luego, quién pegaba, quién terminaba herido y quién sería suspendido o expulsado.
Él sólo atinó a gritar e intentar pegarme, yo no sé de dónde saqué fuerzas y coraje (nótese que nunca antes me había peleado con alguien, salvo en mis clases de defensa personal a las cuales asistía por obligación dicho sea de paso) y le pegué, le pegué al igual que el pollero a la gallina en el pescuezo, al igual que Diego Forlán al balón de fútbol.
Finalmente la seguridad nos separó. Me condujeron a coordinación y a él al tópico, estaba sangrando. Cuando me preguntaron a qué se debía la riña, respondí: A que ese huevón es un mentiroso de mierda y no aguanto a los mentirosos.
¿No aguantas a los mentirosos?.. Preguntó con cierta ironía al hablar la coordinadora
No, respondí con ira, mientras fruncía el ceño lleno de pequeñas gotas de sangre.
¿Y qué es esto, entonces? Dijo mientras abría el primer cajón de su escritorio y sacaba unas fotos. Quedé petrificado al verlas, no podía ser. Mi teoría se confirmaba. Me seguían, alguien me espiaba, pero ¿Para qué? No tenía sentido. Bueno, ahora sí lo tenía, alguien quería saber quién era en verdad ¿Por qué? Dios sabrá.
No respondí nada, sólo pude mirarlas una por una mientras las lágrimas corrían por mis mejillas. La coordinadora me dijo que ya sabían todo. Yo la miré por dos segundos, dos segundos que en mi mente fueron una eternidad, pensé en qué hacer, qué decir, tal vez lo mejor era negarlo todo, no, pensé ya saben la verdad la tienes que asumir. Terminé haciendo lo primero que se me vino a la mente, le escupí en el rostro, le recordé la profesión de su madre y le arranqué las fotos. Corrí lo más que pude y ahora estoy aquí, en unas cabinas escribiendo. No sé qué pasará, sólo quiero seguir ocultando esto, por el momento he pensado en quemar las fotos así que supongo que eso haré.
NOTA: El protagonista de esta historia obviamente no es Huevoncio, él nunca se hubiera atrevido a tanto, además es un tanto monótono y aburrido, se ciñe a las reglas y es asquerosamente respetuoso.

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